Ninguna Persona es Inmune al Miedo

Joyce Meyer nos enseña como enfrentar los miedos. ¿Sera que algunos están maldecidos para tener miedos mientras que otros benditos siendo valientes? Reconocemos que nacemos con temperamentos diferentes.

¿Será que algunos están maldecidos para tener miedos mientras que otros benditos siendo valientes? Reconocemos que nacemos con temperamentos diferentes. No los escogemos; Dios lo escoge para ayudarnos a cumplir nuestro propósito en la vida.

Algunas personas son naturalmente decididas, valientes, atrevidas que otras pero personalmente no creo que alguien sea totalmente inmune al miedo.

Hasta la persona que usted conozca que parece ser la más valiente de todos tiene miedo de algo.

Algunas personas hacen mejor trabajo que otras ocultando sus miedos. Ellas ni siquiera pueden admitir que tienen miedo pero la realidad es que Satanás ataca a todos con miedo. Podemos Superarlo! Si no fuera posible superar el miedo, Dios no nos habría instruido en su Palabra a “No Temer”
Yo creo que todos somos valientes en algunas áreas y temerosos en otras.

El péndulo puede balancearse hacia un lado o hacia el otro, pero todos tenemos algo de ambos. Por ejemplo, una mujer que llamaremos Teresa era tímida y vergonzosa. No hablaba mucho y era introvertida. Se habría petrificado de estar de pie delante de una multitud y hablar, y sin embargo Teresa era muy valiente cuando debió enfrentar el dolor y la tragedia en su propia vida.

Ella tuvo cáncer a los 32 años y soportó cirugía y radiación dolorosa y tratamientos de quimioterapia. Teresa también había tenido tres abortos antes de dar nacimiento por fin a un niño saludable. Ella sobrellevó estas dificultades cortésmente, valientemente y con pocas quejas.

Janice, una amiga de Teresa, era exteriormente decidida. Janice era tan sociable que podía hacerse amiga de un poste de teléfono. Era una líder, hablaba fácilmente delante de grupos grandes y generalmente era admirada por todos. En la superficie Janice no parecía en absoluto ser temerosa. Como Teresa, Janice también enfrentó la tragedia de su vida.

Durante veinte años ella trabajó para una corporación y había acumulado una jubilación grande invirtiendo en un 401(k) correspondiente al programa de fondos jubilatorios.

Realmente sorprendió a todos que la compañía fuera investigada por fraude respecto a la inversión del fondo de jubilación de empleados y súbitamente Janice así como muchos otros empleados descubrieron que no tenían jubilación alguna. La compañía se presentó en bancarrota y algunos de los directivos fueron juzgados y sentenciados a penas de prisión.

De repente Janice se encontró con que no solo no tenía jubilación alguna, sino tampoco ningún trabajo. Ella no manejó su tragedia con elegancia. Exteriorizó un miedo que asombró a quienes la conocían. Siempre había parecido ser tan resuelta, pero en esta situación casi se paralizó de miedo por su futuro y por la seguridad financiera.

Yo soy lo bastante resuelta para estar de pie delante de un millón de personas y hablar durante horas. No tengo miedo de ser transparente y compartir detalles de mi vida que amuchas personas no sería cómodo compartir. Por otra parte, si fuera ala montaña rusa en un parque de diversiones yo estaría temblando y posiblemente gritaría, pero no de deleite.

Durante nuestros viajes, mi marido Dave prueba todos los tipos de comida que nunca ha comido o siquiera visto pero yo siempre estoy buscando algo con lo que esté familiarizada. Tengo miedo de que probar algo nuevo que no guste y que mi comida se arruine. Mi punto es que nadie es totalmente inmune al miedo. Los miedos de algunas personas son más obvios que los de otras, pero creo que todos los tenemos.

Es importante que comprendamos que no estamos solos en nuestras batallas con el miedo. El diablo quiere convencernos que hay algo muy malo con usted o conmigo y que otras personas normales no tienen el mismo tipo de problemas. No le permita hacerlo; todos experimentamos el miedo.

El general George Patton ciertamente sería considerado un hombre de verdad muy valiente y sin embargo él admitió que tenía miedo. Pero escogió no prestarles atención.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un gobernador militar se encontró con el general George Patton en Sicilia. Cuando el alabó altamente a Patton por su valor y valentía, el general contestó: “Señor, yo no soy un hombre valiente . . . la verdad es que soy un completo cobarde.

En toda mi vida nunca he podido oír el sonido de los tiros o ver la batalla sin sentirme tan asustado que me sudaran las palmas de las manos”.

Años después, cuando la autobiografía de Patton fue publicada, contenía esta significativa declaración del general: “Yo aprendí muy temprano en mi vida a no dejarme aconsejar por mis miedos”

El espíritu de temor no es exclusivo de quienes él visita o cuando los visita. A veces el miedo se presenta en momentos muy inoportunos, momentos en que preferiríamos sentirnos resueltos. Después de todo, ¿quién quiere confrontar y tratar con el miedo? Nadie lo hace y la mayoría de las personas no lo hace. Parece más fácil escapar o esconderse o aplazar .

Deseamos que se marche, oramos que se marche, pero hasta que no lo confrontemos, el miedo siempre nos detendrá en la carrera. Si vamos a correr, es necesario ir hacia el enemigo y vencerlo y no alejarse de él.

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